En casa tenemos muchos, pero muchos animales. Sin embargo, los que más conviven con nosotros, por estar dentro de la casa, son los gatos. Siempre me ha llamado la atención de que cuando uno de los niños está enfermo o está llorando los gatos se le acercan ronroneando, se pegan a ellos. Una de las gatas, Moly, me dejó muy sorprendido una vez. Los gatos no suelen dormir en nuestra cama, sin embargo un día amanecí con una tortícolis terrible, una de esas que me da una vez al año por unos 3 a 4 días. Los primeros días es muy intenso y doloroso. Esa noche no podía quedarme dormido del dolor, estaba sólo en la pieza y no encontraba la posición para conciliar el sueño. De pronto apareció Moly, una gata persa muy peluda. Se acercó ronroneando fuerte y se acostó sobre mi cuello en el mismo lado donde me dolía. Podía sentir su ronroneo en todo mi cuerpo, su vibración me quitó el dolor y pude finalmente dormir. Puede ser coincidencia, claro, pero su conducta fue notoria.
No es raro que el ronroneo del gato tenga efectos beneficiosos para la salud, de hecho el ronroneo tiene una frecuencia de 20 a 50 Hertz, es, de algún modo, como tener una sesión de kinesiterapia con ultrasonido, algo que estaría indicado en el caso de mi tortícolis. Se ha demostrado efectos beneficiosos del ronroneo del gato en el caso de reparación de fracturas y tendones. Pero, ¿Cómo se habrá dado cuenta Moly de mi malestar de cuello?.
Gregory Tranah y su colaboradores en publicaron una investigación con un Nº de más de 1500 personas (y más de 2000 como control), en la que demostraron que aquellas personas que tenían contacto con animales, tenían un riesgo menor de contraer un tipo de cáncer conocido como Linfoma de células largas de non-Hodgkin's. Para el caso de aquellos que tenía perros y gatos la disminución del riesgo fue muy alta con un promedio de 29%, muy abrumador para un estudio científico como este. Para explicar esta situación Tranah y su equipo proponen que la exposición a alergenos de los animales podría, de alguna forma, evitar la formación de este tipo de cáncer, pero no se atreven a esclarecer cómo (Cancer Epidemiol Biomarkers Prev 2008;17(9):2382–7).
EL profesor Adnan Qureshi de la Universidad de Minnesota estudió 4500 casos de adultos y demostró que aquellas personas que tienen gatos tienen un 40% menos de riesgo de tener fallas cardíacas fatales. Él atribuyó estos resultados a que las personas que tiene gatos podrían tener menos estrés que aquellas que no lo tienen.
Es posible que las hipótesis de los investigadores sean ciertas, pero también es muy posible, en base a lo que he relatado, que no entendamos cabalmente la relación mascota / dueño. Es posible que nuestros animales sean también una medicina para nuestras vidas, que participen en nuestros procesos de sanación, que tengamos un vínculo aún no entendido con ellos.... en fin es sólo una elucubración.... pero hasta que no se pruebe lo contrario elijo esta interpretación: Los animales se conectan y vinculan con nosotros en diversos planos, incluyendo planos energéticos sutiles, aportan en nuestras vidas tanto o más de lo que nosotros aportamos en las de ellos e influyen positivamente en nuestra sanación, a tal punto que a veces se dan casos tan estrechos y complejos que me es dificil distinguir cual es la enfermedad y quien es su dueño.
viernes, 4 de diciembre de 2009
lunes, 30 de noviembre de 2009
La enfermedad y su dueño III
Carolina es una mujer de unos 50 años que conozco hace más de una década, además de trabajar juntos tenemos una bonita amistad. Con Carolina hemos vivido moméntos únicos y mágicos, así como peleas absurdas. Una amistad bonita la que hemos cultivado.
Carolina es la típica mujer emprendedora, ejecutiva, proactiva que sabe como dirigir a la gente. Le gusta llevar el pandero. Al mismo tiempo es una niña indefensa. El caso es que Carolina estaba en medio del huracán, sin pareja y viviendo un tormento en el trabajo. Su nivel de toleracia era muy bajo, se peleaba con todos y parecía estar enojada a cada rato…. Hasta que conoció a lobo, un Labrador Retriever de unos 7 años. Fue amor a primera vista. Grande y cabezón, bueno y alegre. Lobo tenía la facultad de cambiarle el estado de ánimo a Carolina en un segundo. Era un perro digno de una comunidad ecológica, se llevaba bien con todos y demostraba su personalidad como se fuera siempre en centro de la conversación.
A Carolina la fue conquistando de a poco. Ella vivía en departamento, en el cual obviamente estaban las mascotas prohibidas, más aún si se trataba de un perrote como este. Al principio accedió la petición de un amigo de cuidarlo unos días, luego se lo llevaría al campo, pero Lobo comenzó a vivir la vida con Carolina como si hubieran nacido juntos. Sabía cuando subir y bajar del auto, cuando esperar, cuando tenía que alimentarse, esperaba los paseos para orinar y defecar, en fin, era todo un caballero. Al principio Carolina estableció límites, sólo podía andar en la logia y cocina. Al poco tiempo, para que tuviera más espacio, lo llevaba a la oficina, había un gran parque contiguo que serviría como paseo. A los pocos días ya estaba dentro de la oficina, dormía largas reuniones y sabía el momento exacto cuando tocaba paseo. Sólo pasaron semanas para que Lobo se apropiara del departamento, auto y oficina, hiciera amistades con secretarias, choferes, auxiliares y cuanto cristiano tuviese que convencer. De hecho Lobo fue importante en varias negociaciones que se suponía iban a ser tensas, pero que rápidamente se convertían en amables gracias a lobo, que conquistaba hasta el más avaro de los empresarios.
En toda esta trayectoria lobo tenía la facultad de modular las emociones de Carolina, cada vez que se ofuscaba, bastaba que lobo apoyara su cabezota en sus piernas, bastaba que moviera la cola y simplemente que escuchara su ronquido en medio de una reunión para que cambiara de estado de ánimo.
Los paseos eran suaves y mágicos. Carolina volvió a mirar el cielo, a disfrutar del atardecer, de la noche. Disfrutaba ver a Lobo meter el hocico en el barro, restregarse contra el pasto, correr como un loco. Hubo mucha sanación en el proceso de Carolina. Sin embargo había algo que llamaba la atención, no subía de peso. Los veterinarios no hallaban el diagnóstico y Lobo comenzó a consumir medicamentos y comidas especiales. Carolina, quien ya había entregado casi todo su departamento y la oficina a este perro comenzó ahora a cocinar para él. Pero había una regla que ella no rompería, el perro debe estar fuera de la pieza.
Lobo seguía adelgazando y ahora comenzaba a toser en las noches. Carolina lo escuchaba desde su pieza y lo volvió a llevar al veterinario. El diagnóstico fue duro, un par de radiografías demostraron cáncer mediastinal, en palabras sencillas una gran masa tumoral en el tórax que comprimía las vías aéreas y el corazón. Todo mal. Una enfermedad grave para la cual no había tratamiento. Desde ese momento Carolina decidió regalonear y disfrutar al máximo su relación con Lobo, fueron juntos de paseo, al trabajo y hasta empezaron a dormir juntos en la pieza. A pesar de su grave enfermedad Lobo siempre se veía feliz y corría como si nada tuviera. Vivió varios meses con esa felicidad entre los dientes, moviendo la cola cada vez que escuchaba su nombre hasta que su enfermedad lo consumió por completo y Carolina decidió ponerlo a dormir, para lo cual me pidió ayuda. La partida de lobo fue un proceso suave y hasta mágico, Carolina se despidió de él con mucha paz y me reconoció todo el bien que lobo le había hecho. No tengo duda alguna de que Carolina recibió mucha sanación de lobo, de alguna manera la rescató de vuelta a la vida.
La historia de la Sra. Sofía y Cleo, de Carolina y Lobo son extraordinarias y al mismo tiempo comunes. He visto mascotas que tienen los mismos signos que sus dueños, Don Carlos quien tenía hipertensión y su hurón con lo mismo, ambos muy unidos. Patricia y su cobayo, ambos con el tránsito lento. Una curiosa historia de Marcela y un gato que llegó a su casa, ambos se enfermaban al mismo tiempo. No siempre son las mismas enfermedades pero ocurren muchas veces cuadros sin etiología lógica que me parecen están conectados con alteraciones en sus dueños, en fin tengo este presentimiento de que las mascotas de alguna manera somatizan patologías de sus dueños y de que ellos participan en su proceso de sanación, haciendo difícil discriminar quien es el dueño de la enfermedad. Todo esto me hace cuestionarme sobre la posibilidad de que las mascotas puedan sanar a sus dueños.
Carolina es la típica mujer emprendedora, ejecutiva, proactiva que sabe como dirigir a la gente. Le gusta llevar el pandero. Al mismo tiempo es una niña indefensa. El caso es que Carolina estaba en medio del huracán, sin pareja y viviendo un tormento en el trabajo. Su nivel de toleracia era muy bajo, se peleaba con todos y parecía estar enojada a cada rato…. Hasta que conoció a lobo, un Labrador Retriever de unos 7 años. Fue amor a primera vista. Grande y cabezón, bueno y alegre. Lobo tenía la facultad de cambiarle el estado de ánimo a Carolina en un segundo. Era un perro digno de una comunidad ecológica, se llevaba bien con todos y demostraba su personalidad como se fuera siempre en centro de la conversación.
A Carolina la fue conquistando de a poco. Ella vivía en departamento, en el cual obviamente estaban las mascotas prohibidas, más aún si se trataba de un perrote como este. Al principio accedió la petición de un amigo de cuidarlo unos días, luego se lo llevaría al campo, pero Lobo comenzó a vivir la vida con Carolina como si hubieran nacido juntos. Sabía cuando subir y bajar del auto, cuando esperar, cuando tenía que alimentarse, esperaba los paseos para orinar y defecar, en fin, era todo un caballero. Al principio Carolina estableció límites, sólo podía andar en la logia y cocina. Al poco tiempo, para que tuviera más espacio, lo llevaba a la oficina, había un gran parque contiguo que serviría como paseo. A los pocos días ya estaba dentro de la oficina, dormía largas reuniones y sabía el momento exacto cuando tocaba paseo. Sólo pasaron semanas para que Lobo se apropiara del departamento, auto y oficina, hiciera amistades con secretarias, choferes, auxiliares y cuanto cristiano tuviese que convencer. De hecho Lobo fue importante en varias negociaciones que se suponía iban a ser tensas, pero que rápidamente se convertían en amables gracias a lobo, que conquistaba hasta el más avaro de los empresarios.
En toda esta trayectoria lobo tenía la facultad de modular las emociones de Carolina, cada vez que se ofuscaba, bastaba que lobo apoyara su cabezota en sus piernas, bastaba que moviera la cola y simplemente que escuchara su ronquido en medio de una reunión para que cambiara de estado de ánimo.
Los paseos eran suaves y mágicos. Carolina volvió a mirar el cielo, a disfrutar del atardecer, de la noche. Disfrutaba ver a Lobo meter el hocico en el barro, restregarse contra el pasto, correr como un loco. Hubo mucha sanación en el proceso de Carolina. Sin embargo había algo que llamaba la atención, no subía de peso. Los veterinarios no hallaban el diagnóstico y Lobo comenzó a consumir medicamentos y comidas especiales. Carolina, quien ya había entregado casi todo su departamento y la oficina a este perro comenzó ahora a cocinar para él. Pero había una regla que ella no rompería, el perro debe estar fuera de la pieza.
Lobo seguía adelgazando y ahora comenzaba a toser en las noches. Carolina lo escuchaba desde su pieza y lo volvió a llevar al veterinario. El diagnóstico fue duro, un par de radiografías demostraron cáncer mediastinal, en palabras sencillas una gran masa tumoral en el tórax que comprimía las vías aéreas y el corazón. Todo mal. Una enfermedad grave para la cual no había tratamiento. Desde ese momento Carolina decidió regalonear y disfrutar al máximo su relación con Lobo, fueron juntos de paseo, al trabajo y hasta empezaron a dormir juntos en la pieza. A pesar de su grave enfermedad Lobo siempre se veía feliz y corría como si nada tuviera. Vivió varios meses con esa felicidad entre los dientes, moviendo la cola cada vez que escuchaba su nombre hasta que su enfermedad lo consumió por completo y Carolina decidió ponerlo a dormir, para lo cual me pidió ayuda. La partida de lobo fue un proceso suave y hasta mágico, Carolina se despidió de él con mucha paz y me reconoció todo el bien que lobo le había hecho. No tengo duda alguna de que Carolina recibió mucha sanación de lobo, de alguna manera la rescató de vuelta a la vida.
La historia de la Sra. Sofía y Cleo, de Carolina y Lobo son extraordinarias y al mismo tiempo comunes. He visto mascotas que tienen los mismos signos que sus dueños, Don Carlos quien tenía hipertensión y su hurón con lo mismo, ambos muy unidos. Patricia y su cobayo, ambos con el tránsito lento. Una curiosa historia de Marcela y un gato que llegó a su casa, ambos se enfermaban al mismo tiempo. No siempre son las mismas enfermedades pero ocurren muchas veces cuadros sin etiología lógica que me parecen están conectados con alteraciones en sus dueños, en fin tengo este presentimiento de que las mascotas de alguna manera somatizan patologías de sus dueños y de que ellos participan en su proceso de sanación, haciendo difícil discriminar quien es el dueño de la enfermedad. Todo esto me hace cuestionarme sobre la posibilidad de que las mascotas puedan sanar a sus dueños.
jueves, 29 de octubre de 2009
La enfermedad y su dueño II
En muchos casos de mascotas que me ha tocado atender me cuesta diferenciar de quien es la enfermedad. Veo a dueños enfermos, tristes, en dolor, ansiosos o deprimidos, con mascotas que se ven felices pero que manifiestan alguna enfermedad. Todos estos casos tienen un común denominador: un estrecho vínculo entre el dueño y su mascota. Al principio se me pasaba por la cabeza la idea de que los dueños, de alguna manera, enfermaban a sus mascotas, pero ahora no estoy tan seguro de que funcione de esa manera. Creo más bien que sus mascotas participan en el proceso de sanación de sus dueños, eso, al menos, es lo que he observado. Se me ocurre que las mascotas somatizan parte de la enfermedad de sus dueños, ayudándolos en su proceso de sanación. Sé que esto no es muy científico que digamos, es más bien una intuición. Sin embargo, la pregunta sigue golpeando mi cráneo: ¿Será posible que la enfermedad de una persona sea de alguna manera transmutada a su mascota?
La Sra. Sofía es una cliente de aquellas. Ha tenido a la Cleo por más de 40 años. La Cleo fue testigo de la separación con su marido, de nacimiento de los hijos y de la partida de los mismos. No puedo diagnosticar a la Sra. Sofía, pero claramente su ansiedad, su extrema aprehensión con su mascota y la angustia por que algo le fuera a pasar, podían claramente radicarse en su relación familiar. La Sra. Sofía llegaba en taxi, media a una hora antes de la consulta, partía tratando mal a la secretaria y se sentaba enojada en la sala de espera como quien se sienta en la iglesia para rezar el rosario, sin hablar con nadie y usualmente vestida de negro. La conocí cuando Cleo presentó una extraña lesión durante la hibernación, su pata quedó enredada en un hilo de la alfombra y se le estranguló. Cleo desarrolló una isquemia (falta de sangre en la pata) y luego una necrosis además de una fractura completa de radio y cúbito (que nadie supo nunca como se produjo). Ya había sido tratada por un par de colegas que sospecho se dieron por vencidos…. no con el caso sino con la dueña. Tuve que operarla un par de veces y por falta de tejido la herida tuvo que cerrar por segunda intención, lo que en la práctica significaba que veía a la Sra. Sofía día por medio. Cleo quedó con una pata parcialmente amputada, pero hasta el día de hoy hace una vida normal…. Normal para ser esta tortuga, ya que es muy distinta a la de cualquier otra tortuga en el mundo. En cada consulta fui conociendo a la Sra. Sofía y su tortuga, ella me contaba las penurias de su vida, incluyendo sus caídas (en una de esas también se fracturó), cáncer, depresión y su relación con los hijos. Se notaba que tenía una gran necesidad de sacar afuera muchos nudos. La Cleo en cambio era un amor, una tortuga muy grande y fuerte que permitía que le hiciera de todo, le abría la boca, alimentaba con sonda, le administraba antibióticos, hacía curaciones diversas y ella accedía a todo. La herida demoró casi cuatro meses en cicatrizar, demasiado largo para la casuística promedio, fueron necesarias varias curaciones y parches hidrocoloidales además de antibióticos sistémicos. Tratamiento largo, pero hasta ahí nada se salía mucho de lo común, sin embargo si me parecía llamativa la relación que tenían ambas tenían. Es muy frecuente que un perro o un gato generen un vínculo estrecho con su dueño, pero no lo es tanto cuanto se trata de un reptil, que en general sólo quiere que lo dejen tranquilo. Dormían juntas en la cama (lo más antinatural para una tortuga), ella la abrazaba y la tortuga sacaba su cabeza (otra anormalidad), y vivían toda una rutina de baños, salidas al jardín, momentos de comer (sólo lo que a Cleo le gustaba), orinar, defecar, etc. Jamás he vuelto a ver otra tortuga que orine y defeque en el mismo lugar como si fuera un gato. Toda esta relación era particularmente especial.
Cleo sufrió después de muchas enfermedades (y las seguirá sufriendo) desde neumonía hasta retención de huevos, todas en extrañas condiciones y relacionadas con distintos “eventos” de salud de su dueña. No podría decir la la dueña inconcientemente la enfermaba, ya que a parte de quererla mucho, seguía paso a paso la indicaciones que le daba. En una de las crisis, la famosa tortuga dejó de comer por un mes. Luego de infructuosos intentos por que comiera por sus propios medios y habiendo perdido el 25% de su peso, le propuse a la Sra. Cristina que me la trajera a mi casa para darle medicaciones con mayor frecuencia. Esta situación tan especial en que me traigo un paciente a mi casa es sólo comprensible por la relación de confianza que los tres teníamos. Yo encontraba a Cleo muy bonita, y tenía la convicción de que se la seguía de cerca saldría adelante. Para la Sra. Sofía, en cambio, desprenderse de Cleo era un tormento, pero era la única posibilidad de que no se muriera.
En casa le dí unos días de descanso a Cleo, sólo pasto y sol. Pronto, sin mediar medicamento alguno, Cleo comenzó a comer y a sentirse mejor, se dio largos baños en el barro, metió la cabeza en la hierba y daba largos paseos de tres patas. El sólo contacto con la tierra mejoró a Cleo. ¿Hasta que punto las enfermedades eran de la tortuga y hasta que punto de la dueña? Sólo puedo decir que tienen un vínculo extraordinario y que estoy convencido que la vida de la Sra. Sofía se ha enriquecido con la vida de Cleo y viceversa…. No dejo de tener la sensación de que la salud de ambas está conectada.
La Sra. Sofía es una cliente de aquellas. Ha tenido a la Cleo por más de 40 años. La Cleo fue testigo de la separación con su marido, de nacimiento de los hijos y de la partida de los mismos. No puedo diagnosticar a la Sra. Sofía, pero claramente su ansiedad, su extrema aprehensión con su mascota y la angustia por que algo le fuera a pasar, podían claramente radicarse en su relación familiar. La Sra. Sofía llegaba en taxi, media a una hora antes de la consulta, partía tratando mal a la secretaria y se sentaba enojada en la sala de espera como quien se sienta en la iglesia para rezar el rosario, sin hablar con nadie y usualmente vestida de negro. La conocí cuando Cleo presentó una extraña lesión durante la hibernación, su pata quedó enredada en un hilo de la alfombra y se le estranguló. Cleo desarrolló una isquemia (falta de sangre en la pata) y luego una necrosis además de una fractura completa de radio y cúbito (que nadie supo nunca como se produjo). Ya había sido tratada por un par de colegas que sospecho se dieron por vencidos…. no con el caso sino con la dueña. Tuve que operarla un par de veces y por falta de tejido la herida tuvo que cerrar por segunda intención, lo que en la práctica significaba que veía a la Sra. Sofía día por medio. Cleo quedó con una pata parcialmente amputada, pero hasta el día de hoy hace una vida normal…. Normal para ser esta tortuga, ya que es muy distinta a la de cualquier otra tortuga en el mundo. En cada consulta fui conociendo a la Sra. Sofía y su tortuga, ella me contaba las penurias de su vida, incluyendo sus caídas (en una de esas también se fracturó), cáncer, depresión y su relación con los hijos. Se notaba que tenía una gran necesidad de sacar afuera muchos nudos. La Cleo en cambio era un amor, una tortuga muy grande y fuerte que permitía que le hiciera de todo, le abría la boca, alimentaba con sonda, le administraba antibióticos, hacía curaciones diversas y ella accedía a todo. La herida demoró casi cuatro meses en cicatrizar, demasiado largo para la casuística promedio, fueron necesarias varias curaciones y parches hidrocoloidales además de antibióticos sistémicos. Tratamiento largo, pero hasta ahí nada se salía mucho de lo común, sin embargo si me parecía llamativa la relación que tenían ambas tenían. Es muy frecuente que un perro o un gato generen un vínculo estrecho con su dueño, pero no lo es tanto cuanto se trata de un reptil, que en general sólo quiere que lo dejen tranquilo. Dormían juntas en la cama (lo más antinatural para una tortuga), ella la abrazaba y la tortuga sacaba su cabeza (otra anormalidad), y vivían toda una rutina de baños, salidas al jardín, momentos de comer (sólo lo que a Cleo le gustaba), orinar, defecar, etc. Jamás he vuelto a ver otra tortuga que orine y defeque en el mismo lugar como si fuera un gato. Toda esta relación era particularmente especial.
Cleo sufrió después de muchas enfermedades (y las seguirá sufriendo) desde neumonía hasta retención de huevos, todas en extrañas condiciones y relacionadas con distintos “eventos” de salud de su dueña. No podría decir la la dueña inconcientemente la enfermaba, ya que a parte de quererla mucho, seguía paso a paso la indicaciones que le daba. En una de las crisis, la famosa tortuga dejó de comer por un mes. Luego de infructuosos intentos por que comiera por sus propios medios y habiendo perdido el 25% de su peso, le propuse a la Sra. Cristina que me la trajera a mi casa para darle medicaciones con mayor frecuencia. Esta situación tan especial en que me traigo un paciente a mi casa es sólo comprensible por la relación de confianza que los tres teníamos. Yo encontraba a Cleo muy bonita, y tenía la convicción de que se la seguía de cerca saldría adelante. Para la Sra. Sofía, en cambio, desprenderse de Cleo era un tormento, pero era la única posibilidad de que no se muriera.
En casa le dí unos días de descanso a Cleo, sólo pasto y sol. Pronto, sin mediar medicamento alguno, Cleo comenzó a comer y a sentirse mejor, se dio largos baños en el barro, metió la cabeza en la hierba y daba largos paseos de tres patas. El sólo contacto con la tierra mejoró a Cleo. ¿Hasta que punto las enfermedades eran de la tortuga y hasta que punto de la dueña? Sólo puedo decir que tienen un vínculo extraordinario y que estoy convencido que la vida de la Sra. Sofía se ha enriquecido con la vida de Cleo y viceversa…. No dejo de tener la sensación de que la salud de ambas está conectada.
viernes, 23 de octubre de 2009
La enfermedad y su dueño
Para variar venía atrasado, no importa lo que haga, siempre me falta tiempo para hacer todo… no es que me justifique, pero trabajo más de 12 hrs. diarias (usualmente 14) y tengo múltiples funciones. En fin, el caso es que entré tarde a la consulta y sabía que habría un cliente y su mascota esperando. Sentí alivio, era Gastón y su tortuga rusa, excelente cliente, muy preocupado de su mascota, al principio pensaba que Gastón era autista, cada vez que le decía algo se quedaba como pensando…. Parecía que en su frente había una barra que decía “loading”, pero al poco tiempo me dí cuenta que no tenía un pelo de tonto, tenía mucho instinto y empatía con su tortuga, aunque sus respuestas eran siempre lentas. Establecimos una relación de confianza que me ayudaba en este caso: perdonar mi media hora de retraso. Al frente de Gastón y su tortuga había una mujer que me miraba con cara de “yo te conozco” que esperaba con un perro blanco… supuse que la conocía así que la saludé:
- “Hola”
- Ella respondió al toque - “Dr. Fabry…. es un gusto y un honor conocerlo”- dijo para mi sorpresa
- “Ahh… gracias y Usted es….”
- “No, Usted no me conoce pero yo sí, soy un amante de los animales, vivo cerca del Zoológico y admiro lo que Usted ha hecho”
Siempre es bueno recibir un halago, pero más aún si es por el Zoológico, tan vapuleado por tantos, es reconfortante que haya gente que valore el esfuerzo y valentía con que hemos trabajado. En los escasos segundos que cruzamos estas palabras, inconcientemente ya había escaneado a este personaje, usaba ropa suelta, se veía pálida y levemente ojerosa… deprimida.
- “y su perrito que tiene?” – Le dije para devolverle la gentileza. Pregunta bien idiota cuando a un perro le cuelga un tumor del tamaño de un melón en una de sus piernas.
- “Enfermedad de mierda” - Me dijo- “Mató a mi madre, a mi hermana, a mi gato y ahora el maldito cáncer está matando a mi perro…. No será mucho doctor?, ya no se que hacer… enfermedad de mierda”- repitió mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.
- “Bueno, una cosa importante es aceptar la enfermedad “– le dije en mi desconcierto, tratando de alguna manera consolar su dolor – “tu perro está enfermo y veo que aún no lo has aceptado”- Ella se quedó pensando mientras el perro olfateaba sabrosos olores de mi pantalón (nada mas excitante que los pantalones de un veterinario de zoológico para un perro o gato). El perro tenía una personalidad exquisita, también lo había escaneado, típico perro inteligente y hippie que se lleva bien con todos. Lo curioso es que el perro parecía ser el sano y su dueña tenía el aspecto de estar enferma.
Mientras hacia pasar a Gastón y su tortuga con neumonía seguía pensando en el personaje con el cual acababa de intercambiar palabras…. Que posibilidades hay de que dos personas y dos mascotas puedan tener cáncer alrededor de un solo individuo?…. Madre y hermana podría deberse a una predisposición genética, pero además su gato y perro me parece de una probabilidad muy baja…
Fue ahí cuando terminé de incubar una idea que venia masticando hace rato, una intuición que rondaba mi cabeza: hay una relación muy estrecha entre la salud psíquica de los dueños y la salud física de sus mascotas. Ahora lo veo casi con certeza, cuando dueños y mascotas establecen un vínculo estrecho, éstos últimos reciben de ellos algún tipo de estímulo que desencadena cuadros diversos que lo alejan de su salud. No estoy hablando de causa / efecto (ej: si no le doy comida, baja de peso, o si le lastimo el pié, cojea), me refiero a un mecanismo complejo de sanación/enfermedad entre dueños y mascotas…. Será esto posible?
- “Hola”
- Ella respondió al toque - “Dr. Fabry…. es un gusto y un honor conocerlo”- dijo para mi sorpresa
- “Ahh… gracias y Usted es….”
- “No, Usted no me conoce pero yo sí, soy un amante de los animales, vivo cerca del Zoológico y admiro lo que Usted ha hecho”
Siempre es bueno recibir un halago, pero más aún si es por el Zoológico, tan vapuleado por tantos, es reconfortante que haya gente que valore el esfuerzo y valentía con que hemos trabajado. En los escasos segundos que cruzamos estas palabras, inconcientemente ya había escaneado a este personaje, usaba ropa suelta, se veía pálida y levemente ojerosa… deprimida.
- “y su perrito que tiene?” – Le dije para devolverle la gentileza. Pregunta bien idiota cuando a un perro le cuelga un tumor del tamaño de un melón en una de sus piernas.
- “Enfermedad de mierda” - Me dijo- “Mató a mi madre, a mi hermana, a mi gato y ahora el maldito cáncer está matando a mi perro…. No será mucho doctor?, ya no se que hacer… enfermedad de mierda”- repitió mientras se le llenaban los ojos de lágrimas.
- “Bueno, una cosa importante es aceptar la enfermedad “– le dije en mi desconcierto, tratando de alguna manera consolar su dolor – “tu perro está enfermo y veo que aún no lo has aceptado”- Ella se quedó pensando mientras el perro olfateaba sabrosos olores de mi pantalón (nada mas excitante que los pantalones de un veterinario de zoológico para un perro o gato). El perro tenía una personalidad exquisita, también lo había escaneado, típico perro inteligente y hippie que se lleva bien con todos. Lo curioso es que el perro parecía ser el sano y su dueña tenía el aspecto de estar enferma.
Mientras hacia pasar a Gastón y su tortuga con neumonía seguía pensando en el personaje con el cual acababa de intercambiar palabras…. Que posibilidades hay de que dos personas y dos mascotas puedan tener cáncer alrededor de un solo individuo?…. Madre y hermana podría deberse a una predisposición genética, pero además su gato y perro me parece de una probabilidad muy baja…
Fue ahí cuando terminé de incubar una idea que venia masticando hace rato, una intuición que rondaba mi cabeza: hay una relación muy estrecha entre la salud psíquica de los dueños y la salud física de sus mascotas. Ahora lo veo casi con certeza, cuando dueños y mascotas establecen un vínculo estrecho, éstos últimos reciben de ellos algún tipo de estímulo que desencadena cuadros diversos que lo alejan de su salud. No estoy hablando de causa / efecto (ej: si no le doy comida, baja de peso, o si le lastimo el pié, cojea), me refiero a un mecanismo complejo de sanación/enfermedad entre dueños y mascotas…. Será esto posible?
jueves, 22 de octubre de 2009
Estudio de Científicos Holandeses
En la revista Británica Journal of Epidemiology Community Health, Maas y sus colaboradores llegan a una conclusión intuible, pero no menos impresionante. Luego de analizar más de 345 mil casos clínicos de personas que viven en la ciudad, 15 de 24 grupos de enfermedades fueron estadísticamente menos frecuentes en aquellas personas que tienen un parque a menos de un kilómetro de radio desde su casa, en comparación con aquellas que no tienen un parque cercano. Estas patologías involucran muchas enfermedades consideradas físicas, sin embargo la diferencia en mucho mayor para los cuadros ansiosos y depresivos. Las diferencias son también mayores en niños que adultos, dicho de otro modo los niños se enferman más intensamente si carencen de un Parque cercano. El tamaño del parque también se relaciona con la frecuencia de las enfermedades. Mientras más grande el parque menores enfermedades se presentan en las personas. Eso es Naturaleza en el Hombre.
J Epidemiol Community Health. Published Online First: 15 October 2009.
J Epidemiol Community Health. Published Online First: 15 October 2009.
martes, 6 de octubre de 2009
lunes, 21 de septiembre de 2009
Avión
Cada vez que tomo un avión emerge desde lo profundo una sensación de angustia. En parte es por dejar la familia, eso siempre me preocupa, dejarlos de ver aunque sea unos días me pone un poco triste, pero hay más que eso. Está también la incertidumbre e incomprensión del cómo un pedazo de metal de 18 toneladas puede sostenerse en al aire… todavía no lo entiendo y prefiero no hacerlo, en todo caso cuando se estrellan estas cosas no suelen quedar cristianos vivos… pero hay más que eso, hay algo más que me incomoda. Esta es la verdad: desde el aire puedes ver el verdadero impacto del hombre sobre la superficie de la tierra, es fácil darse cuente de cómo hemos modificado las planicies, como hemos hechos carreteras como si fuera un plato de spaghetti. Se puede ver literalmente nuestra Huella Ecológica Humana.
En esta ocasión me tocó ir a Europa, un viaje largo que comienza al atravesar la cordillera, majestuosa y sagrada como siempre, ahí no habían luces ni rastros de uso humano, pero eso duró sólo unos minutos, luego aparecieron las ciudades allende Los Andes, los caminos, los cultivos, los puertos. Se oscureció y comenzaron a aparecer las luces: emergen como puntos infinitos amarillos, a veces como luciérnagas, a veces como vértebras de una serpiente otras como un enjambre de abejas ¿Cuántos recursos naturales costará mantener la tierra en “on”?. Dejamos el continente americano para internarnos en el Atlántico, que alegría, al fin el mar abierto con su inmensidad y omnipresencia…. Pero al rato comenzaron a aparecer cientos, miles de nuevas luces en medio del océano… con incertidumbre me costó un rato darme cuenta de lo que era…. Ovnis en medio del Atlántico?... No, barcos factoría que extraen peces, calamares y todo lo que esté a su alcance… eran muchos, de verdad increíble.
El impacto que hemos y estamos provocando tiene proporciones históricas…. No hay que ser muy pillo para darse cuenta de lo que está pasando y de lo que va a pasar. Me cargan los pronósticos cataclísmicos, pero es difícil hacerle frente a tanta evidencia y a tanta ignorancia de los congéneres. No es que crea que el mundo se va a acabar, menos la vida, la vida siempre seguirá su ciclo sagrado en la tierra, puede que desaparezcan miles de especies, pero la vida continuará. Tampoco creo en el fin de la especie humana, más bien creo en la evolución de la misma y en su re-conexión con la tierra (aunque en mucho menor número). En lo que sí creo es que este modo de vida es como un hombre caminando derecho al abismo… cantando y sonriendo como si nada estuviese pasando, preocupado más de la ropa y de tener la mochila llena, en vez de preocuparse por su paso y su camino. Ya me imagino a las nuevas civilizaciones estudiando las ciudades como entierros arqueológicos… o le estaré poniendo mucho?
En esta ocasión me tocó ir a Europa, un viaje largo que comienza al atravesar la cordillera, majestuosa y sagrada como siempre, ahí no habían luces ni rastros de uso humano, pero eso duró sólo unos minutos, luego aparecieron las ciudades allende Los Andes, los caminos, los cultivos, los puertos. Se oscureció y comenzaron a aparecer las luces: emergen como puntos infinitos amarillos, a veces como luciérnagas, a veces como vértebras de una serpiente otras como un enjambre de abejas ¿Cuántos recursos naturales costará mantener la tierra en “on”?. Dejamos el continente americano para internarnos en el Atlántico, que alegría, al fin el mar abierto con su inmensidad y omnipresencia…. Pero al rato comenzaron a aparecer cientos, miles de nuevas luces en medio del océano… con incertidumbre me costó un rato darme cuenta de lo que era…. Ovnis en medio del Atlántico?... No, barcos factoría que extraen peces, calamares y todo lo que esté a su alcance… eran muchos, de verdad increíble.
El impacto que hemos y estamos provocando tiene proporciones históricas…. No hay que ser muy pillo para darse cuenta de lo que está pasando y de lo que va a pasar. Me cargan los pronósticos cataclísmicos, pero es difícil hacerle frente a tanta evidencia y a tanta ignorancia de los congéneres. No es que crea que el mundo se va a acabar, menos la vida, la vida siempre seguirá su ciclo sagrado en la tierra, puede que desaparezcan miles de especies, pero la vida continuará. Tampoco creo en el fin de la especie humana, más bien creo en la evolución de la misma y en su re-conexión con la tierra (aunque en mucho menor número). En lo que sí creo es que este modo de vida es como un hombre caminando derecho al abismo… cantando y sonriendo como si nada estuviese pasando, preocupado más de la ropa y de tener la mochila llena, en vez de preocuparse por su paso y su camino. Ya me imagino a las nuevas civilizaciones estudiando las ciudades como entierros arqueológicos… o le estaré poniendo mucho?
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