sábado, 11 de octubre de 2008

Las enfermedades y la mente

Hay una infinidad de formas de presentación de las enfermedades, se presentan en muchos planos distintos y las manifestaciones de una misma enfermedad también pueden ser distintas de una persona a otra. En efecto, hay que diferenciar los signos, de la enfermedad propiamente tal. La enfermedad es la interacción entre un agente causal y el huésped, eso puede llevar a una diversidad de signos. Si sólo se tratan los signos nunca sanaremos la enfermedad en realidad.
Lo curioso es que en las enfermedades del hombre moderno el agente causal y el huésped son lo mismo, o sea somos nosotros mismos los que nos enfermamos, ésta es una paradoja casi exclusiva de nuestra especie. Digo casi exclusiva porque los únicos animales que pueden manifestarla en forma similar al humano son justamente los animales que viven con nosotros (ej. Un loro que se saca las plumas, un gato con lamido compulsivo, etc.). Sin embargo, la magnitud que alcanza en el humano es impresionante: Hace unos años una tía vivió un proceso muy triste, la separación de su hijo mayor. Mi tía se enfermó de tal manera que entró en un cuadro de ansiedad y depresión profundo, finalmente cayó en una hemiplejia. El ver la mitad de su cuerpo sin movimiento era muy fuerte, el escucharla hablar sin poder mover la mitad de los labios es algo que nunca voy a olvidar… los párpados y mejillas de un lado de la cara caídos, gran dificultad al pararse y caminar. ¿Cómo fue que sus pensamientos respecto a esa situación inmovilizaran los músculos de la mitad del cuerpo?... Es imposible que la separación de su hijo en sí afecte la unión neuromuscular en su cuerpo… fueron sus pensamientos en relación a ello. En la medida que fue pasando el tiempo y que se fue conformando con la situación los músculos dormidos fueron recordando su parte del libreto. Que mayor prueba de esta realidad: los pensamientos pueden provocar cambios en nuestra fisiología y llevarnos a desarrollar un cuadro patológico. El tratamiento no consistió en mejorar la captación de acetil colina en la unión neuromuscular, sino mejorar los pensamientos que afectaban a sus Ser. Creo que lo que le pasó a mi tía nos ocurre a todos en diversas escalas.

Nuestras enfermedades pueden afectar nuestros diversos planos. Algunas enfermedades se pueden generar en nuestro cuerpo directamente. Sin embargo, la mayoría de las enfermedades del hombre moderno tienen su origen en la mente. La mente proyecta una enfermedad en el cuerpo. Tal como escribí en el post anterior la mente es capaz de desencadenar procesos fisiológicos ante un estímulo inexistente. La verdad es que hay personas que inconcientemente quieren enfermarse, se quejan todo el día de sus males, dolores, de la vida. No están armónicos con el tiempo presente. El estar desalineados nos enferma. Amplificamos y mantenemos conflictos en nuestras cabezas, lo que activa la vía hipotálamo - hipófisis - corteza adrenal, además del sistema límbico. De alguna manera con esto se invoca la presencia de enfermedades que se corporizan en el tiempo. El hombre moderno está enfermo de la mente, y los pensamientos que emanan de ella generan cambios en nuestro cuerpo y vuelven a estimular a la mente, en un círculo vicioso. Hemos desarrollado mucho la mente, el pensamiento, tenemos un sistema educacional y recreativo complejo que se conecta constantemente con la mente. Hemos olvidado el resto de las partes de nuestro ser por no conectarnos más profundamente. ¿Por qué mucha gente no puede estar sola en una pieza sin ningún estímulo?, ¿Por qué la mente se agita en vez de serenarse en esas condiciones? ¿Por qué mucha gente no puede dormirse si no es viendo la TV?. Nuestra mente nos habla constantemente y está en toda nuestra vigilia jugándonos algunos trucos, convenciéndonos de ciertas cosas, para que nuestra atención vaya siempre a ella. Esta voz constante no nos permite llegar a un estado de conciencia más profunda, a nuestro ser interior. Ahí, en nuestra profundidad, se encuentra nuestro doctor.